1. No se trata de convencer a nadie, sino de reflexionar con alguien. El primer punto es preguntarnos si tenemos lo que queremos, si le parece a tu gente que estamos haciendo y construyendo un país con perspectivas de futuro o sólo repitiendo los viejos esquemas.
2. El Peje no es Dios. En efecto, el error más grande es caer en el caudillismo. Se trata de darnos una oportunidad y mirar hacia la otra posibilidad: no se trata de cerrar los ojos y dejarte guiar, sino de ser parte de algo. No quieres al Peje, está bien; ¿A quién quieres? ¿Estás seguro? ¿Vas a seguir siendo espectador y dejarte llevar por los demás toda la vida o al fin vas a tomar las riendas de tu vida?



