El Blog del Andaryego - Sección política.

Porque creo que todo humano, por más crítico que sea de su sociedad, debe tener una posición política y creer, pensar, discutir: ¡Fomentémos el debate!

Sunday, July 16, 2006

La resistencia indígena en Chile

La resistencia Indígena en Chile
El caso de los araucanos y mapuches

Samuel B. Morales G


Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra.
Y nos dijeron: "Cierren los ojos y recen". Cuando abrimos
los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

Desmaond Tutu
(Premio Nobel de la paz 1984)



EN BUSCA DE UN NUEVO REINO

El 28 de diciembre de 1861, un hombre alto y delgado de apariencia netamente europea hacía su entrada en un pequeño poblado del sur de Chile, en territorio araucano. Se hacía acompañar de Juan Bautista Rosales y un local de apellido López (el manto del tiempo parece haber cubierto el nombre de pila del personaje).

Después de algunas pláticas en las que López debió haber fungido como intérprete, los indígenas quedaron plenamente convencidos que las sabias frases que el cacique Mañin les había pronunciado antes de morir, se cumplían: “En muy poco tiempo, llegará un nuevo rey para gobernar a nuestra nación: será un hombre venido de muy lejos que trabajará por el bien de nuestro pueblo”

El nuevo monarca, que por cierto no hablaba una palabra de araucano, se hizo traducir del francés sureño (había nacido en un lugar no muy lejano a Bordeaux) y pronunció un discurso en el que les prometió “que por la fuerza impediría que Chile ocupase la margen sur del río Bio-bio”[1], que hasta entonces marcaba el espacio defendido a sangre y garrote del invasor español.

Orelie Antoine, como lo describe Braun Menéndez[2] era un tipo muy inteligente que en alguna de sus noches de ocio había decidido conquistar un territorio para su país, pero sobre todo (sus aspiraciones nobiliarias lo mantenían en vela), hacerse de una corona. Estando en la época de pleno expansionismo colonial, su idea de contar con un feudo no le sonaba tan mal y partió un buen día a Chile con el objeto de establecer el Reino de Araucanía y Patagonia.

Los avatares por los que pasará este hombre en Sudamérica han sido ya relatados por varios escritores, incluso existe un mediometraje argentino[3]: será hecho prisionero por el gobierno chileno, deportado en dos ocasiones a Francia, acusado de incitar a la rebelión, y terminará por morir en su país natal, pobre y endeudado, pero eso sí, con el material necesario para formar una monarquía (himno, constitución, moneda, bandera, nombramiento de ministros) con la excepción de un detalle: el territorio.

Una historia ciertamente divertida, pero al mismo tiempo una empresa que pudo fructificar, como lo hicieron algunas monarquías en el nuevo continente; si en verdad hubiese tenido algún título nobiliario, tal vez alguna potencia extranjera le hubiese acordado su apoyo.


LA CODICIA TERRITORIAL


El Territorio al sur del río Bio Bio y que se extiende hasta los últimos confines del continente americano es una enorme extensión que siempre fue codiciada por aquellos que llegaban al nuevo mundo. Su enorme cantidad de recursos naturales (minería, pesca, fauna) han estado en la mira de decenas de países colonizadores que se han olvidado en todo tiempo que antes de su llegada, había humanos que ocupaban ya esos sitios.

Sus habitantes originales son llamados ahora Mapuches o Araucanos, pero hace años, eran una cantidad enorme de pequeñas comunidades de nombres e idiomas distintos (Pampas, Tehuelches, Chechehuelches, Chehuelches, Ranqueles, Huillichis, Pehuenches…) que moraban amplias áreas, dedicándose alternativamente a la pesca, recolección y agricultura, de acuerdo con la estación del año. Aunque muchos de los que llegaron en embarcaciones desde el viejo mundo les llamaron salvajes, tenían sus modos de organización: propiedad de la tierra, gobierno, e incluso estructuras sociales en las que también existían las desigualdades.

No es de extrañarnos pues, que los residentes originales de estas zonas se hayan enfrascado por años en luchas intestinas por la defensa de lo que consideran su patrimonio, máxime si tomamos en cuenta lo que menciona Fernando Casanueva[4]: “Los lugares sagrados se integran en un proceso que actúa para detener el tiempo; haciendo del pasado un referente para el presente… el presente no es tanto una producción del pasado, sino que se reproducen en sí mismo las formas del pasado… incluyendo la tierra y su dimensión culturalmente formada, con una historia e integridad étnica profunda…”

“…aunque los conceptos mapuches de paisaje son temporalmente previos a los de los chilenos, también son posteriores, cuando no consecuentes con los procesos coloniales y modernos. Es la ideología de los mapuches de la continuidad atemporal como grupo étnico que ocupa la tierra”

Ante tal identificación con la tierra, es lógico comprender el denodado esfuerzo de lucha por la defensa de espacios tan valiosos culturalmente.


POR LOS PASILLOS DE LA HISTORIA

Comprender las luchas actuales pasa por entender los acontecimientos del pasado. La historia del contacto mapuche y español no es muy distinta de la del resto del continente: en 1539 Pedro de Valdivia solicita a Pizarro la autorización de conquistar Chile y se encuentra con los indios araucanos, liderados por Lautaro, un hombre que había sido capturado por el mismo Valdivia años antes y le había enseñado algunas técnicas de guerra. El español es derrotado y muerto en batalla, de la misma forma que el indio será asesinado posteriormente.

Es en la época de la conquista, cuando el río Bio Bio se vuelve una frontera natural que divide la parte colonizada, de la que se encuentra aún bajo el dominio indígena, y será frecuente escenario de pugnas durante la infame “Caza del indio” (una campaña de exterminio llevada a cabo en el siglo XVII.).

Loa araucanos sabían que el primer paso para ser dominados era su conversión al catolicismo, razón por la cual siempre fueron reacios a ello, lo que a su vez permitió a los españoles una mayor intervención armada contra los sacrílegos: su empecinamiento sólo consiguió señalarlos como una muestra de la resistencia a la españolización.

En sus inicios, la joven nación chilena los reconocerá como el digno ejemplo a seguir, pero pronto buscará la forma de despojar de sus señoríos a quienes llamará “hermanos menores”, acusándoles de inhabilidad para aprovechar sus recursos naturales.

Para 1830, Diego Barros Arana (tal vez el historiador chileno más famoso, considerado liberal, aunque provenía de una familia muy acomodada) declarará que “los araucanos son bárbaros y no saben explotar sus territorios, entonces hay que quitarles las tierras y producir… Los salvajes no tienen previsión y desarrollo intelectual…”[5]

Durante buena parte del siglo XIX serán señalados por su mutismo, irreligiosidad, modos desordenados, e incluso acusados de traidores (pues durante muchas de las batallas de independencia habían optado por uno u otro partido, de acuerdo con sus propias conveniencias -situación perfectamente comprensible, pues para ellos la lucha entre bandos liberales y conservadores no significaba otra cosa que el conflicto entre dos invasores y les convenía asistir a su propia destrucción, un poco en la esperanza de recuperar los territorios perdidos-).

Es incluso en el devenir de esta época que se comienza a advertir la necesidad de colonizarlos, pues si no, podrían desestabilizar el comercio, quemando naves o puertos en el sur lejano. O incluso (como demostrará después Orelie Antoine –quien abre nuestro trabajo-) “podrían aliarse con otras naciones y proclamar un país independiente…”[6].

Es por esa época que el presidente argentino Julio Roca inicia la llamada “Campaña del desierto” que no es otra cosa sino el exterminio de estas sociedades en el más puro estilo de lo que hacían los norteamericanos en los territorios colonizados. Si bien el gobierno chileno no se une directamente a este evento, lo hace tácitamente, implementando, de su lado, una “Guerra de ocupación” (o “Pacificación de la Araucanía[7]). No está por demás decir que diarios de tan alta trascendencia como “El Mercurio” apoyarán irrestrictamente tales emprendimientos.

Incluso Federico Errazuriz, Ministro de guerra y posteriormente presidente de la nación (1871-1876) declararía que “Esta guerra de ocupación constituye una de las glorias de la ocupación actual… y está plenamente justificada por los ataques y robos que los indios efectúan contra las haciendas de los chilenos… para castigar a los salvajes que cometen depredaciones en nuestros campos… no hay otro modo que emplear la fuerza militar… pero con justicia: el conquistador debe dejar a los indígenas tierras para sus necesidades, pues el objeto de la guerra es sólo adquirir dominio eminente de aquel territorio, esto es, de someter a los indios al imperio de las leyes y que respeten a las autoridades de la república”[8] [las itálicas son mías]

Esta es una historia de guerras y enfrentamientos constantes que persisten en nuestros días.


CULPABLES DE SER MAPUCHES

Hacia 1904 la idea del gobierno fue de “rellenar” los territorios despoblados con inmigrantes, y se inició una campaña agresiva de invitación a extranjeros. Les fueron otorgadas más de dos millones de hectáreas a cambio de la promesa de ocupar tierras que se consideraban improductivas; en tanto, los indios eran empujados a “reducciones”. El autor del presente, durante un viaje a través de Patagonia pudo ver una buena cantidad de poblados en los que los moradores parecían mucho más europeos que alguien con un pasado étnico indígena o mínimamente mestizo.

Pero es también durante esa época que se comienza a tomar conciencia de la situación de los araucanos: “La escasa adjudicación de terrenos no permite a los indios desarrollar labores agrícolas, ni da elementos para el trabajo y los va sumiendo en una especie de conformidad futurista que mata todo brío y apaga el entusiasmo para la vida activa…”

“…Aquellos altivos guerreros fueron convertidos en campesinos de subsistencia sobre tierras pobres y áridas: [El] alcohol, [la] alta emigración a las ciudades en las que se enfrentan a alta discriminación racial [son sus consecuencias]. Un cacique mapuche describía la situación, repitiendo la frase de Tomás Guevara, (reconocido araucanista y rector del liceo de Temuco): ‘Vivimos apretados como el trigo en un costal’ ”[9]

Y es que hay que decir que jamás se les dio oportunidad de elegir su futuro: siempre vistos como gente sin educación, sin habilidad para autodirigirse y violentos. Todo se volvió una especie de círculo vicioso: no te adaptas a la nueva sociedad, entonces te confino a espacios alejados. El mapuche, relegado, y desconfiado se alejó cada vez más, haciendo acopio de un odio hacia la sociedad que le había hurtado no sólo su territorio, sino parte de su cultura.


MAPUCHES, ARAUCANOS, AYMARAS, RAPANUIS: EL PRESENTE

En el censo nacional de 1992, se reportan 998,379 indígenas, (alrededor del 10% de la población total de la república de Chile[10]). De acuerdo con el mismo estudio, un 93% del total serían indígenas mapuches. El restante serían Aymaras (en el norte) y Rapanui (originales de la Isla de Pascua).

La gran mayoría, casi un 80%, vive en el medio urbano, a donde han sido empujados, principalmente por necesidades económicas, siendo la ciudad de Temuco la principal receptora de estos migrantes (un 25% de la población de la metrópoli tendría ascendencia indígena).

Sus condiciones de vida son poco favorables: la mayor parte labora como trabajadores no calificados, cumpliendo funciones dentro de la industria manufacturera o el comercio; las mujeres, en general, trabajan como empleadas domésticas. Muchos indígenas mantienen lazos económicos, sociales y familiares con sus comunidades; por lo regular, se desplazan a las ciudades con el objeto de contribuir a su economía de origen.

En 1993 fue promulgada la ley indígena, que reconocía su estatus y daba mínimas conquistas sociales. Este documento resarcía asimismo, un estatuto anterior que desconocía el origen étnico de quienes emigraban a las ciudades, aceptando la condición de indígenas urbanos.

Sin embargo, los problemas han persistido: dificultades de adaptación, discriminación racial y cierta “ceguera” por parte de la población urbana (es decir que son ignorados[11]) que no les permite acceder con igualdad a las oportunidades laborales y educativas. Se dice, por ejemplo, que a pesar de constituir una décima parte de la población total, están nulamente representados en el poder legislativo y hay quien plantea la formación de un parlamento indígena.

Es cierto que en la medida que la lucha por territorios ha tomado mayor fuerza, una proporción no determinada de jóvenes que han conseguido la oportunidad de estudiar, han decidido volver a sus poblaciones de partida para colaborar en la defensa de sus derechos, mientras que otros han optado por permanecer en los centros urbanos, sirviendo como contacto con organizaciones sociales afines.

DEMANDAS ACTUALES Y FUTURO DE LA LUCHA

Si bien es cierto que la persecución se ha reducido[12] y que se crean mejores condiciones de diálogo, la realidad está lejos de ser perfecta:

El país se ha declarado multicultural, y se vanagloria de ello, pero en la realidad, aún son pocos los espacios de expresión para los indígenas, por otro lado, el sistema económico y social tiene características homogeneizadoras (Tratados comerciales, acuerdos internacionales)

Aunado a lo anterior, los grupos étnicos, reunidos en el “Consejo de todas las tierras”, insisten con vehemencia en la aprobación gubernamental del convenio #169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo)[13] sobre derechos indígenas. Un caso polémico y de difícil aplicación, pues en el mencionado acuerdo se reconoce el derecho histórico sobre las tierras ocupadas originalmente por ellos, así como sobre la forma de vida y organización social[14]

El problema sigue siendo que su entrada en vigor tendría repercusiones legales y podría ser incompatible con la constitución, en cuyo caso exigiría la convocatoria de una asamblea constituyente (por ejemplo, ¿Cómo reconocer los derechos históricos de las tierras, a sabiendas que existen títulos de propiedad actuales? ¿Cómo aceptar formas independientes de gobierno? ¿Bajo qué ley dirimir conflictos legales y penales entre personas indígenas y “no-indígenas”?) Es claro que deben reconocerse los derechos de las comunidades, pero en muchos casos se requiere de un trabajo complejo que no todos están dispuestos a hacer.


Un caso muy sonado en esta década, ha sido el de la compañía italiana Benetton, que compró enormes cantidades de tierra en zonas impugnadas por los mapuches de la Patagonia argentina (hasta un total de 900 mil hectáreas -que serían utilizados para la cría de bovinos-), y en algunas de esas áreas, previamente ocupadas por indígenas, ha llegado a expulsarlos de lo que ellos alegan, son sus propias tierras.

La compañía ha ofrecido donar 7’500 has, pero la respuesta de los quejosos es que no puedes donar al propietario lo que a él mismo pertenece, arguyendo además, que Benetton incumple su propia filosofía de “acercar a los pueblos”[15]

Desde 1998 comenzaron una serie de conflictos con un alto contenido de violencia. Grupos mapuches acusan a empresas madereras (entre ellas Bosques Arauco, una de las más grandes –propiedad de uno de los hombres más ricos del país, Anacleto Angelini-) de estar usufructuando territorios indígenas (adicionando que el tipo de explotación maderera ocasiona pérdida de recursos hídricos y especies nativas). Existen alrededor de 32’000 hectáreas en disputa legal, aunque las reclamadas son más.

Es claro que en gran parte, el conflicto se deriva de la nula negociación entre los participantes, pues las posiciones muestran aspectos enconados en exceso; mientras las comunidades no tengan participación en el modelo de negocio, el acuerdo será prácticamente imposible. Parecería también una pugna de clases, en donde los grandes capitales retienen para sí las ganancias, mientras los menos favorecidos pierden territorios y métodos de subsistencia.

Hace algunos años, los problemas se recrudecieron al llevarse a cabo desalojos de indígenas que ocupaban terrenos de estas compañías: las expulsiones fueron realizadas con fuerza, y a partir de ahí se ha desatado un conflicto sin final: un grupo de mapuches, acusado de prender fuego a una casa y a un cultivo de madera comercializable, fue detenido y acusado, bajo la ley de antiterrorismo vigente, por estas actividades; se les estableció una pena de 10 años de cárcel. Otras ocupaciones y desalojos continuaron, con un efecto de “bola de nieve”, convocando a más movilizaciones, apoyo internacional y arrojando como resultado más represión.

Actualmente siguen los conflictos y los acusados se han declarado presos políticos, iniciando, (en mayo de 2006), huelgas de hambre. La presidenta chilena, Michèle Bachelet, en un intento de dar solución al embrollo (que se encuentra en instancias judiciales), firmó una iniciativa con carácter urgente para amnistiar a los procesados y modificar la mencionada ley, pero aún no hay respuestas. Como se podrá analizar, el problema tiene claro origen en la propiedad, usufructo y explotación de tierras, en un sistema legal poco favorable a las minorías.

En tanto, el futuro apunta a una mayor construcción de puentes: los movimientos indígenas y de defensa al medio ambiente encuentran objetivos en común y se van formando redes solidarias en el mundo (con frecuencia ONG’s involucradas en la lucha social, ambientalista, y/o indígena). Actualmente hay puntos de coincidencia también con asociaciones que en su búsqueda mística, asumen la espiritualidad indígena

Por increíble que pudiera parecer, existen grupos de araucanos que han emigrado o han pasado ciertas temporadas en Europa y se han puesto en contacto con los sucesores de Orelie Antoine. Santiago Warria (ver nota 1), manifiesta en su artículo que para algunos de estos personajes, la idea de tener su propia monarquía no es del todo descocada y que incluso estarían dispuestos a considerarla formalmente… el tiempo dirá si el príncipe Felipe de Araucanía o su sucesor terminarán por cruzar el Bio Bio para coronarse en su reino soñado.

Genealogía de la monarquía del Reino de Araucanía y Patagonia :

Rey Orélie Antoine I (1860-1878)
Rey Aquiles I (1878-1902)
Rey Antonio II (1902-1903)
Reina Laura Teresa I (1903-1916)
Rey Antonio III (1916-1952)
Príncipe Felipe (1952 – actualidad[16]


En lo personal, me pregunto si no será posible que llegue el día en que una corriente de pensamiento nos convenza de dejar que cada comunidad opte por las soluciones que más le convengan y seamos capaces de convivir con un poco más de armonía.

Lima. Julio de 2006.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

[1] Warria, Santiago Brotes de monarquía mapuche Centro de documentación Mapuche (Artículo publicado en Internet: http://www.mapuche.info/mapuint/warria0103.html
[2] Braun Menéndez, Armando El rey de Araucanía y Patagonia Editorial Francisco de Aguirre S.A Sexta Edición, Buenos Aires 1973
[3] Hirsch, Narcisa Orelie Antoine, Rey de la Patagonia, mediometraje, 1984
[4] Dillehay, Tom Una historia incompleta y una identidad cultural sesgada de los mapuche. Artículo en Colonización, resistencia y mestizaje en las américas IFEA , Lima 2002, p. 163-183.
[5] Casanueva, Fernando Indios malos en tierras buenas: visión y concepción del mapuche según élites chilenas del siglo XIX. Artículo en Colonización, resistencia y mestizaje en las américas , IFEA , Lima 2002, p. 291-327
[6] Idem que anterior
[7] Idem que nota 1
[8] Idem que anterior p.310
[9] Idem que anterior p.312
[10]Aravena, Andrea, Los mapuches warriache: procesos migratorios e identidad mapuche urbana en el siglo XX Artículo en Colonización, resistencia y mestizaje en las américas; IFEA , Lima 2002 p. 359-385
[11] Esto incluso fue motivo de comentario por parte del escritor portugués José Saramago que en reciente encuentro con la presidenta Michèle Bachelet, en Madrid, pidió a ésta última que “le hiciera un favor y mirara a los mapuches que son perseguidos todos los días por la policía” (esto en relación con el caso que se explica párrafos más adelante en el texto) Revista la Nación, chile
http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060510/pags/20060510205921.html
[12] Aún durante la dictadura militar de Pinochet fueron hostigados y perseguidos políticamente
[13] Convenio internacional sobre derechos indígenas. Organización Mundial del Trabajo http://www.cesdepu.com/instint/oit169.htm
[14] Para algunos comentarios al respecto de la iniciativa, consultar http://www.politicaspublicas.cl/
[15] Los mapuches se preguntan cuál es la lógica que recibir en donación 7’500 has de terrenos que les pertenecen a ellos mismos; el conflicto continúa y hay un gran involucramiento de organizaciones internacionales. No parece haber visos de solución en el corto plazo. (Para más información, sugerimos consultar http://www.mapuche.info/ )
[16] Diccionario en línea: Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_la_Araucanía_y_la_Patagonia

BIBLIOGRAFIA

Braun Menéndez, Armando El rey de Araucanía y Patagonia Editorial Francisco de Aguirre S.A Sexta Edición, Buenos Aires 1973
Boccada, Guillaume, (Editor) Colonización, resistencia y mestizaje en las américas , Siglo XVI a XX Ed. IFEA , Lima 2002, 385 p.

CONSULTAS EN INTERNET

Diarios en línea: http://www.lanacion.com.ar/, http://www.politicaspublicas.cl/, http://www.lanacion.cl/
Seguel, Alfredo. Radiografía al conflicto forestal en el Gulumapu, Documento PDF Agrupación Mapuche de Temuco Konapewman
Varios. Sitio Internet dedicado a la lucha Mapuche http://www.mapuche.info/
Warria, Santiago Brotes de monarquía mapuche Centro de documentación Mapuche (Artículo publicado en Internet: http://www.mapuche.info/mapuint/warria0103.html
Wikipedia. Diccionario en línea http://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_la_Araucanía_y_la_Patagonia

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